Europa discute quién manda: la Euroliga rechaza la oferta, NBA y FIBA siguen adelante
La reunión a orillas del lago de Como dejó una negativa y varias puertas abiertas. Los propietarios de la Euroliga rechazaron la propuesta de la NBA para integrar ambos proyectos en una operación europea común, aunque ese rechazo no implica el final de las conversaciones. Barcelona confirmó que los clubes volverían a evaluar una oferta modificada.
Los representantes de los trece clubes accionistas que integran la Euroliga tuvieron un cónclave el pasado martes en Cernobbio, Italia. El comunicado oficial que surgió como consecuencia de la reunión destacó dos decisiones: avanzar en la conversión de las licencias de diez años en franquicias y continuar la revisión de propuestas para incorporar nuevos miembros, aunque no hace mención alguna a la oferta de la NBA.
Una información que se desprende del periodista Aris Barkas (Eurohoops) describe que Real Madrid, Fenerbahce, Panathinaikos, ASVEL y Bayern quieren conservar canales de comunicación con la NBA. Barcelona y Olimpia Milano aparecen más reservados, junto a otros accionistas con posiciones negativas.
El precio de entregar el control
Según publicó el colega Donatas Urbonas en BasketNews, los clubes no quedaron convencidos por la compensación ofrecida a cambio de otorgar a la NBA el control mayoritario de la competición. También cuestionaron las perspectivas de beneficios a largo plazo. El medio sostiene que las últimas condiciones mejoraron respecto de las primeras conversaciones, pero todavía existen diferencias importantes y se espera una contrapropuesta europea.
Si bien hasta el momento no existen cifras oficiales, hay quienes hablan de una oferta de 520 millones de euros por las acciones de la Euroliga y una inversión de 440 millones por club para incorporarse al proyecto. Otras fuentes indican una valoración de 1.410 millones de euros para la competición, elaborada por JB Capital por encargo de la propia Euroliga, y aproximadamente 1.800 millones para el conjunto de sus equipos con licencia.
En definitiva, los clubes están poniéndole precio a algo más amplio que una participación accionaria: su capacidad de decidir sobre el futuro de una competición que construyeron durante décadas.
Si bien lo trascendental de la noticia pasa por la intenciones de la NBA de plantar bandera en el viejo continente, no hay que perder de vista que FIBA es su principal ladero en toda esta cruzada. El comunicado del jueves deja clara la posición institucional de la federación: Es socia de la NBA en la construcción de la nueva liga y comparte su llamado a una asociación con la Euroliga. Ambas ratificaron que siguen comprometidas con “una nueva liga profesional masculina en Europa” y vincularon el proyecto con sostenibilidad, oportunidades y principios del deporte europeo.
Ese proyecto contemplaría 16 equipos, con cuatro plazas vinculadas a resultados en la Basketball Champions League y torneos clasificatorios conectados con las ligas nacionales. Esa vía deportiva es uno de los componentes con los que NBA y FIBA buscan insertar la competición en el sistema continental.
Si bien los mecanismos finales de clasificación todavía requieren definición pública, hay doce ciudades apuntadas como principales objetivos para crear franquicias que se conviertan en miembros: Londres, Mánchester, París, Lyon, Madrid, Barcelona, Roma, Milán, Múnich, Berlín, Atenas y Estambul. El valor que se habla para una eventual participación es de 1.000 millones de dólares para franquicias de determinados mercados.
Otra de las disputas que se pone en juego es el del calendario. Octubre de 2027 sigue apareciendo como objetivo del proyecto, aunque se plantean dudas sobre su viabilidad. Algunos medios consideran un posible desplazamiento a 2028 si no hay acuerdo con la Euroliga, aunque tampoco se descarta una doble competencia.
Europa tiene por delante dos procesos que avanzan en paralelo: la transformación de la Euroliga y la construcción del proyecto NBA–FIBA. La posibilidad de una liga unificada sigue abierta, pero requiere resolver quién gobierna, cuánto aporta cada parte y cómo se distribuyen las oportunidades deportivas. Hasta que eso ocurra, el riesgo de dos competiciones rivales seguirá formando parte de la negociación.
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