La Liga Nacional recupera su sigla histórica

La Liga Nacional recupera su sigla histórica

La vuelta a LNB recupera una identificación histórica que nunca debió abandonarse. Las siglas condensan décadas de competencia, clubes, jugadores y pertenencia. El paso a “La Liga” había sustituido ese capital por una denominación genérica, menos específica y difícil de distinguir en un escenario donde el fútbol español ocupa ese nombre con enorme presencia internacional.

El regreso es, por eso, la mejor decisión del rebranding. Pero conviene separar la recuperación del nombre de la calidad de su nueva representación visual.

Hagamos un poco de historia. Cuando la dirección de Marketing de la AdC le propuso a su dirigencia cambiar las siglas LNB por “La Liga” en 2015, el argumento que figuró dentro de la campaña que se denominó “La nueva era” fue que “muchas ligas de básquet de Latinoamérica habían copiados las siglas y eso confundía a las marcas”.

Es justo decir que desde su creación la Liga Nacional de básquet se convirtió en la competencia profesional argentina que más cambios innovó en sus reglamentos sin ningún problema de aceptar el costo de prueba y error.

El cambio de “LNB” a “La Liga” fue por entonces criticado por estas mismas páginas, sabiendo que en el mundo digital  (que ya en el 2015 era actualidad y no futuro) “La Liga” era una sola: la Liga española de Fútbol. También es cierto que dentro mismo de la dirigencia de entonces había resistencia a ese cambio pero primó la idea de aceptar el desafío de probar cosas nuevas.

Once años después la Liga Nacional de básquet regresa a sus siglas LNB y en el manual de marca que se entregó se observan detalles que vale la pena comentar:

Recuperar la historia no exige recuperar una estética del pasado

Una marca puede reivindicar sus orígenes y expresarse con un lenguaje contemporáneo. En este caso, la familiaridad está mejor conseguida que la innovación. El logo se entiende rápidamente, pero no ofrece un rasgo visual particularmente memorable más allá de las siglas recuperadas.

La modernidad tampoco depende de quitar detalles o volver abstracto un símbolo. Depende de cómo funciona la identidad en pantallas, transmisiones, redes, indumentaria y aplicaciones pequeñas. El manual muestra una dirección estética, pero ofrece pocas pruebas de ese funcionamiento. No demuestra que el sistema esté resuelto para las exigencias cotidianas de una liga profesional.

Un logo claro, aunque poco distintivo

El nuevo logo comunica básquet inmediatamente y sus letras tienen fuerza y buena lectura. Son virtudes reales. Sin embargo, la combinación de siglas gruesas inclinadas y una pelota naranja responde a una fórmula deportiva muy conocida. El logo podría identificar, cambiando las letras, a numerosas ligas, academias o torneos.

Un manual que prescribe consistencia y entrega contradicciones

Cuando llevamos el manual de marca (que solo fue entregados a clubes pero ya circula en todos los medios) a la base de Pick and roll nos dimos cuenta que el documento establece dos naranjas y dos azules diferentes en sus especificaciones. También exige que la pelota conserve siempre el naranja mientras presenta como correctas versiones de contorno sin ese color.

A la hora de publicarlo en la web deberán corregir este documento inicial porque no son diferencias de gusto: son contradicciones operativas. En este caso como medio puedo seguir el manual y un club hacer lo mismo y producir resultados distintos. Precisamente, la función de un manual de marca es evitar esa dispersión.

El error histórico afecta el fundamento del proyecto

Y acá hay algo esencial que seguramente será corregido de inmediato. El documento atribuye a Boca un título BCLA en 2025 y lo presenta como el primer logro continental de esa magnitud de un club surgido de la Liga Nacional. Flamengo ganó en 2025; Boca lo hizo en 2026. Quimsa ya había ganado esa misma competencia en 2020. Sin contar que Peñarol, Regatas y San Lorenzo ganaron el mismo título cuando se llamaba Liga de las Américas.

La gravedad aumenta porque el proyecto utiliza la historia como argumento central. Si la propuesta es “volver a las bases”, conocer y contar correctamente esas bases forma parte del trabajo.

La aprobación también merece una evaluación

Recuperar LNB merece un gran reconocimiento. La ejecución merece una exigencia equivalente: una identidad propia, instrucciones coherentes y respeto por la historia que se invoca. De todos modos las señales son inequívocas: en poco tiempo la Asociación de Clubes se dio la mano con la Asociación de Jugadores y El Juego de las Estrellas recuperó su calendario en medio de la competencia, la liga ahora tiene 18 equipos, en breve vendrían novedades de un acuerdo grande con los árbitros y se regresó a la sigla LNB.

Y ya que estamos con los cambios (y por si a alguien le interesa) pedimos que se considere que la “Liga Argentina” debería llamarse “Liga Argentina de Ascenso”. De tal modo se sabría solo con su nombre de qué categoría estamos hablando. En el vóley profesional argentino la Liga Argentina es la “A” y la Liga Nacional es la de ascenso. Así es muy difícil traer público sin confundirlo de entrada.

Pablo Tosal

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