Un paso de carácter
Argentina venció 89-75 a Puerto Rico en Mar del Plata y consiguió una victoria clave en el camino al Mundial de Qatar 2027. Gabriel Deck lideró con 23 puntos, Leandro Bolmaro brilló en ambos costados y Facundo Campazzo condujo con 13 tantos, 10 asistencias y cinco recuperos. La Selección construyó la diferencia desde la defensa y respondió con autoridad al último intento boricua.
Había mucho más que un partido en juego. Argentina abrió la segunda ronda de las eliminatorias con una oportunidad que no podía dejar escapar: hacerse fuerte en el Polideportivo Islas Malvinas frente a un adversario directo. El triunfo dejó al equipo de Pablo Prigioni con récord de 6-1 y a Puerto Rico con 2-5, una distancia valiosa en un Grupo F que entrega tres pasajes directos y la posibilidad de clasificar como mejor cuarto. Todavía queda recorrido, pero la Selección dio un paso importante para volver al Mundial después de su ausencia en 2023.
En el inicio, Deck ofreció una referencia clara: convirtió los primeros cinco puntos argentinos y encontró espacios cerca del aro. Sin embargo, Puerto Rico lastimó con Piñeiro y aprovechó una pérdida del propio Tortuga para correr y pasar al frente. Cuando la visita tomó ventaja de 10-7, aparecieron dos triples consecutivos de Brussino para cambiar el pulso. Argentina empezó a producir desde atrás: un recupero de Bolmaro terminó en un triple suyo y otro de Laprovittola también se transformó en tres puntos. Así, entre la conducción de Campazzo y los nueve tantos de Deck, cerró el primer cuarto 25-21.
En el comienzo del segundo segmento, la rotación boricua complicó el panorama. Conditt aportó presencia interior, una pérdida de Vaulet permitió el empate en transición y Clavell encadenó dos triples para colocar el 33-30 visitante. Argentina encontró oxígeno en Bressan, autor de sus primeros cinco puntos del período, y en Juan Marcos, que robó y corrió para recuperar momentáneamente el mando. Pero el ataque perdió continuidad: Laprovittola no pudo sostener su buen ingreso inicial y acumuló tres faltas antes del descanso. Puerto Rico tenía recursos para discutir cada posesión.

Al cierre del primer tiempo, Argentina consiguió un 7-0 para pasar del 34-36 al 41-36, con Deck como sostén y puntos desde la línea. No pudo conservarlo: un triple de Ethan Thompson y otro de Alvarado, este último después de un rebote ofensivo, devolvieron la ventaja a los visitantes. Cáffaro rescató el 43-42 a dos segundos de la chicharra, asistido por Bolmaro. La diferencia mínima reflejaba un partido incómodo, en el que las segundas oportunidades boricuas y la falta de fluidez argentina impedían establecer una superioridad sostenida.
Cuando amanecía el tercer cuarto, Campazzo cambió las condiciones. En apenas 96 segundos robó tres pelotas: la primera a Alvarado para convertir en transición; la segunda a Romero, aunque Cáffaro no pudo finalizar; y la tercera a Reed, en una secuencia que terminó con dos libres de Deck. No todos los recuperos dieron puntos, pero sí le quitaron continuidad al rival. Facundo terminó sin aciertos de tres —0/5— y aun así gobernó el juego: sus diez asistencias, cinco robos y apenas una pérdida explican mucho mejor su influencia que cualquier porcentaje de lanzamiento.
A partir de esa presión, Argentina encontró mejores caminos hacia el aro. Bolmaro desequilibró con sus penetraciones, Cáffaro convirtió corriendo la cancha y Deck aseguró posesiones que parecían agotadas. Después de dos triples fallados por Campazzo, el Tortuga capturó un rebote ofensivo y terminó anotando desde el perímetro para el 61-51. Otro triple de Bolmaro estiró a 64-53. Sin embargo, los últimos 3:14 del cuarto transcurrieron sin puntos argentinos: Laprovittola falló tres triples y dos libres durante ese tramo. La defensa sostuvo el trabajo y permitió entrar al último descanso 64-54, tras ganar el parcial 21-12.
En el arranque del último cuarto, Puerto Rico volvió a encontrar respuestas. Laprovittola rompió su sequía con un triple, pero Plummer contestó de afuera y después atacó el aro; Alvarado agregó profundidad para acercar a los suyos a 71-65 con 7:23 por jugar. Los dos triples errados por Brussino y otro de Laprovittola durante ese comienzo dejaron abierta la discusión. Ni siquiera una tapa de Bolmaro sobre Reed alcanzó para cerrar una posesión que terminó en doble de Alvarado. Argentina necesitaba frenar la reacción antes de que la diferencia también se volviera una carga emocional.
La respuesta fue un 7-0 que ordenó definitivamente la noche. Bolmaro provocó una falta ofensiva de Romero y Campazzo castigó con una bandeja pasada; después, una infracción de pasos de Plummer abrió la puerta a un doble de Deck, servido por Facundo. Romero desperdició dos libres y, en la siguiente ofensiva argentina, el Tortuga encontró a Bolmaro para el triple del 78-65 a 5:38 del final. La secuencia tuvo una lógica contundente: defender, aprovechar los errores y encontrar al compañero mejor ubicado. Puerto Rico había vuelto a seis; Argentina lo empujó otra vez a trece.
Desde allí, la Selección administró la ventaja sin resignar intensidad. Bolmaro volvió a aparecer con una tapa sobre Alvarado y Laprovittola clavó el triple del 84-69 a 2:39, la máxima diferencia del encuentro. Su 4/13 de cancha dejó una noche irregular, pero dos de sus tres triples llegaron en el último cuarto. Puerto Rico, pese al 39-30 en rebotes, pagó sus 18 pérdidas ante los 11 recuperos argentinos y un pobre 13/24 en libres, con 2/8 de Romero. Alvarado sumó 19 puntos, aunque sus cuatro pérdidas y la falta de gol de Reed —0/5 de cancha— limitaron las alternativas.
El cierre confirmó a Deck como goleador y sostén, con 23 puntos y seis rebotes, y a Bolmaro como una figura integral: 19 tantos, 7/9 de cancha, tres triples sin fallas y tres tapas. Argentina ganó porque pudo corregir dentro del partido, sostenerse cuando no convirtió y reconocer el momento de acelerar. El lunes 31 visitará a Canadá en Quebec, en otra exigencia fuerte de esta ventana. Hacia allí viajará con una victoria que mejora sus cuentas y refuerza una certeza: para acercarse al Mundial, también hay que saber hacerse cargo de estas noches.
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