• 06-12-2022
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Que suene el “Sweet Georgia Brown”

Su fundador fue Abe Saperstein, un norteamericano de raza negra de religión judía cuya familia recorrió media Europa. Sus padres regentaban un negocio de sastrería y era el mayor de 9 hermanos. Era un amante de los deportes y decidió organizar un equipo de baloncesto en Chicago, donde residía, ya que en los finales de los años 20 no había ningún equipo que, en invierno, jugara en pista cubierta. Así pues, nació el “Savoy Big Five”, equipo que jugaría en el Savoy Ballroom en Chicago: sus dueños eran negros y negros serían los jugadores del equipo. No duró mucho el experimento en el local, pero decidieron seguir todos adelante.

Abe compró algunas letras doradas y unas estrellas para coser a los uniformes en la tienda de su padre. Así nació el nombre mágico: los Harlem Globetrotters estaban en marcha. El nombre de Harlem, contrariamente a lo que se piensa, se eligió no por su procedencia, sino para hacer notar el hecho de que el equipo estaba formado sólo por jugadores de color. El apellido Globetrotters, pese a que el equipo no había jugado fuera de Chicago, se debía a la intención de girar el equipo pro varios estados. La formación original contenía a 5 jugadores: Andy Washington, Al “Runt” Pullins, Willie “Kid” Oliver, Walter “Toots” Wright y Byron “Fats” Long, con Abe de sexto hombre para prevenir lesiones. El debut como tal data del 7 de Enero de 1927, estreno con victoria y con 75 dólares de la época, surgidos de la taquilla, a repartir entre todos. No sería lo habitual, ya que muchas veces el dinero que sacaban sólo les llegaba para los bocadillos... y poco más. En su primer año de existencia, pese a todo, su balance fue de 101-6 jugando un baloncesto muy serio.

En aquel momento, Andy Washington dejó el equipo, harto de que lo echaran de hoteles y bares por ser negro allá donde iba. Inman Jackson, un pívot de 1,88m, fue su sustituto: una gran elección ya que pasó de ser jugador a entrenador y posteriormente manager, hasta los años 70. La crisis se agravó con el crack de la bolsa en 1929 y los Trotters estuvieron muchas veces al borde de la desaparición, a veces jugando por la comida y la gasolina para volver a Chicago en el día.

El momento en el que todo empezó a cambiar, según Abe, fue en 1933, en la ciudad de Inverness, donde una llamada simultánea a todos los habitantes del pueblo (137) generó una expectación inusitada: “Los Mundialmente Famosos Harlem Globetrotters están en la ciudad sólo por hoy” . Pese a lo pequeño del pueblo, se reunieron 1200 personas. A partir de ahí, todo cambió a mejor.

Paralelamente a todo esto, y dada la superioridad del equipo con respecto a sus rivales, decidieron experimentar todo tipo de diversiones para atraer al público pese a lo desequilibrado del choque: desde hacer que un jugador tirara todos los tiros del equipo, hasta hacer todo tipo de diabluras con el balón, sobre todo Pullins, que se tiraba al suelo mientras botaba en uno de los gestos más famosos del equipo y que ha persistido con los años. Sí, son pasos, pero había ocasiones en que lo hacían con 100 puntos de ventaja: ¿Cómo pitarlos? Abe tuvo que tomar una decisión: primero, ganar el partido, después ya vendrían las payasadas. De hecho, la gente empezó a acudir a los partidos más por el show que daban los Trotters con el partido decidido que por el resultado en sí.

Otra circunstancia que marcó su juego es el hecho de contar con 5 jugadores, más Abe por si las moscas: no podían permitirse el cansancio físico, de ahí que perfeccionaran el passing game hasta convertirlo no sólo en un arte, sino en una seña de identidad... Creando a la vez confusión en sus rivales... y la ilusión en el público de ver el balón moverse a gran velocidad.

Hay muchas anécdotas en la época de la depresión americana. En una ocasión, en Montana, la pista estaba tan desnivelada que el partido estuvo igualado durante la primera parte: una vez que los Trotters corrieron hacia abajo en vez de hacia arriba, el partido se acabó. En otra ocasión, en el estado de Wisconsin, uno de los jugadores se dio con la cabeza en el techo en el salto inicial, ya que jugaban en una ópera de techo bajísimo. Los árbitros decidieron que el techo no se consideraba fuera y el equipo estuvo practicando todo tipo de pases y tiros contra el techo para el deleite de los aficionados.

A veces, surgían los problemas, como en un partido en Shelby, Montana. Antes del inicio, llegaron tres hombres armados sugiriendo que el equipo debería perder, ya que los locales llevaban una larga racha de victorias en casa. Posteriormente, otro grupo de hombres, también armados, les explicaron que habían apostado mucho dinero a su favor y que tendrían problemas si perdían. Al final, los Trotters ganaron de paliza, tanto que el primer grupo de matones se rindió a la evidencia... Pero por si acaso, nuestro equipo salió por piernas lo más rápidamente posible.

Mi anécdota favorita de la época es la de un jugador de raza india, Tony Watts, que los imitó antes de un partido en el estado de Michigan. Watts pasó el balón a Inman “Big Jack” Jackson, el jugador estrella del equipo, retándolo a hacer algo grande. Jackson se fue un metro por detrás del tiro libre y, de una patada, la metió limpia en el aro. Nunca nadie le había visto hacer algo así antes, ni en entrenamientos. Jackson se volvió a Watts y le soltó un terrorífico: “anda, intenta esa” .

Alrededor de 1935, llegó la hora de demostrar al mundo la valía de su equipo, y la mejor manera era enfrentarlo a los mejores equipos profesionales de la década, todavía compuestos únicamente de jugadores blancos. Abe Saperstein consiguió un partido... Ante los New York Celtics. Faltando dos minutos para el final y con 32-32, los Celtics, humillados ante la posibilidad de perder ante un equipo completamente negro, abandonaron el partido, aumentando la reputación de los Trotters. Unos años más tarde llegó la oportunidad definitiva: en Marzo de 1940, se disputó un campeonato mundial oficioso entre los mejores equipos norteamericanos. Sólo 7 equipos se inscribieron y los Harlem Globetrotters entraron como cenicientas.

En su primer partido, ante los potentes New York Rens, también todos de raza negra, y ante la friolera de más de 20,000 personas, y pese a su falta de banquillo, los Harlem Globetrotters se alzaron con el triunfo, alcanzando a la postre la final del torneo ante los Chicago Bears, los favoritos. Los Trotters remontaron un partido increíble, con canasta de Sonny Boswell desde medio campo para forzar la prórroga... y ganar 31-29. El oficioso campeonato del mundo subió el caché del equipo, además de garantizarles un autobús y una oficina propia.

Posteriormente, partidos ante selecciones All-Star del college americano aumentarían aún más el seguimiento del equipo por toda la nación. La ventaja del equipo en esos años era la repulsa hacia los jugadores de color en los años 40. Todos los jugadores que destacaban en los playgrounds, sabían que podían tener un sitio en este equipo de ensueño, como dos jugadores que marcarían los años siguientes: la estrella Marques Haynes y el gran payaso, el cómico Goose Tatum.

Finalmente, en 1948 consiguieron una serie de partidos con los Minneapolis Lakers de George Mikan, que más o menos se repartieron las victorias durante dos años de series de verano. Cuando los Lakers vieron que tenían problemas contra un equipo que no estaba en su liga, dejaron de jugar con ellos. De 1950 a 1962, decidieron jugar, de nuevo, con los mejores jugadores universitarios del país, empezando por series a 20 partidos, en 20 días consecutivos y en 20 ciudades distintas. El balance no deja lugar a dudas: 146 ganados y 66 perdidos en ese período de tiempo ante el mejor equipo universitario posible, año tras año.

La Segunda Guerra Mundial y el hecho de que blancos y negros lucharan contra el enemigo común acabó con el clasismo racial en las grandes ligas americanas, y se abriría una nueva época en los Globetrotters, más por el espectáculo, con gente como Wilt Chamberlain, Connie Hawkins, Jumpin’ Jackson, Showboat Hall o Meadowlark Lemon, el gran showman de la historia del equipo. Empezarían las giras por todo el mundo, con audiencias de público impresionantes.... Y un enfoque distinto en el equipo, sin ánimo de luchar contra los mejores equipos del Universo... Personalizados en los Boston Celtics de los 60.

Os dejo con una anécdota del primer partido entre Lakers y Globetrotters, que tiene que ver con Mikan. Era “Duke” Cumberland quien se encargaba de él: la consigna era ganar, pero también intentar humillar al gigante. Duke recibió un balón al poste y empezó a moverlo, enseñándoselo a Mikan, mientras le decía “ahora lo ves, ahora no lo ves...” . De repente, pasó: Mikan no veía el balón, pero Duke se había separado, y no tenía la pelota.. Pero, ¿dónde estaba ese maldito balón?

La multitud aplaudió y se rió sin parar. Había dejado el balón... ¡en la cabeza de George Mikan! Para el momento en que Mikan se dio cuenta e intentó coger la pelota con ambas manos, sólo halló aire, otro Globetrotter se lo había llevado... Encima los Minneapolis Lakers perdieron 61-59 y la faena fue redonda...

Que nunca, nunca deje de sonar el “Sweet Georgia Brown” por los campos de todo el mundo. Nuestro planeta basket necesita a los Harlem Globetrotters. Sin ellos... Se perderá el espectáculo.

Javier Gancedo

ACB.COM

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