• 21-06-2026
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La segunda estrella del cielo patagónico

El último sonido de la temporada no fue una bocina: fue un desahogo. Gimnasia se abrazó a su gente, a su historia y a una forma de competir que no necesitó estridencias para hacerse enorme. Ganó 68-56, defendió cada metro como si fuera el último y convirtió una final durísima en una noche eterna para Comodoro.

En el inicio, Quimsa pareció entrar mejor en el barro. Tyren Johnson castigó cerca del aro, Lema y Meyinsse sumaron presencia interior y la visita llegó a tomar ventaja 10-6. Gimnasia no estaba cómodo: fallaba tiros abiertos, Dato no encontraba ritmo exterior y el partido se movía en una tensión espesa, de posesiones largas y errores caros.

Pero a 2m27 del final del primer cuarto entró Sebastián Carrasco y cambió la temperatura del juego. El chileno tomó la pelota con una determinación de campeón: doble para empatar en 10, triple para pasar al frente, otro doble para estirar y un bombazo final para cerrar el cuarto 18-10. Fue un 10-0 personal, seco, brutal, que transformó una noche cerrada en una noche con dueño.

En el segundo cuarto Quimsa reaccionó con Solanas, que metió dos triples importantes y empujó a la Fusión hasta igualar en 25. Incluso Johnson puso a la visita arriba 27-25, aprovechando un pasaje donde Gimnasia se apuró y acumuló pérdidas. Pero ahí apareció otra señal de carácter: Rivero fue al contacto, Chacón ganó rebotes ofensivos, Dato metió un triple pesado y el local se fue al descanso 38-31.

La diferencia no estaba en el brillo ofensivo, porque Gimnasia terminó con un pobre 4/24 en triples. La diferencia estaba en todo lo demás: 41 rebotes contra 26, 12 ofensivos contra apenas 3 de Quimsa, y una eficacia enorme desde la línea con 20/23. Cuando no podía correr ni embellecer el juego, el Verde encontró puntos en la insistencia, en la segunda oportunidad y en la paciencia.

Cuando amanecía el tercer cuarto, Cisneros le dio otra base emocional al equipo. Anotó dos veces cerca del aro, defendió, cargó el rebote y Gimnasia se escapó 44-33. Quimsa intentó volver con Lema y con Collomb, pero cada aproximación chocó contra una respuesta mínima y suficiente: un triple de Carrasco para el 49-39 y dos libres suyos para cerrar el período 51-43.

El último cuarto tuvo el único temblor real de la noche. Robinson apareció con dos triples, forzó una falta de tres libres y puso a Quimsa a una posesión: 59-56 con 3m22 por jugar. De pronto, todo el Socios Fundadores sintió que la final todavía respiraba. Pero Gimnasia no se quebró: Dato asistió a Rivero, Rivero sumó otro viaje a la línea y el marcador volvió a tomar aire, 63-56.

La reacción visitante murió en sus propias urgencias. Robinson, después de haber encendido la ilusión, perdió dos pelotas consecutivas en el momento más delicado; una de ellas terminó en recupero de Cisneros. Quimsa cerró con 14 pérdidas, 9/17 en libres y sin soluciones claras cuando Johnson —13 puntos pero 0/4 en triples— no pudo abrir la cancha. Gimnasia, en cambio, entendió que el título se ganaba con cabeza fría.

Carrasco terminó con 19 puntos, 3/4 en dobles, 3/8 en triples y 4/4 libres. Fue el MVP porque hizo mucho más que anotar: entró cuando el partido pedía una señal, fabricó el parcial que cambió la noche y volvió a aparecer en el cierre con libres y un doble para sentenciar. Rivero acompañó con 14 puntos y 7 rebotes; Cisneros agregó 10 y 9; Chacón dio 8, 7 rebotes y 3 asistencias desde un rol silencioso pero fundamental.

Y Gimnasia fue campeón por segunda vez porque fue Gimnasia. Un equipo trabajado, humilde, sin sobreactuar grandeza, capaz de vivir cómodo en la incomodidad. Pablo Favarel construyó una estructura solidaria, con roles aceptados, defensa sostenida y una confianza colectiva que no dependió de una noche perfecta. La final no la ganó el equipo que más brilló: la ganó el que mejor soportó la oscuridad.

Por eso esta consagración tiene peso de pertenencia. No fue una explosión casual ni un golpe de suerte: fue la coronación de una identidad. Gimnasia levantó la Liga desde el esfuerzo, desde la paciencia, desde la gente y desde una ciudad que entiende de viento, frío y resistencia. La segunda estrella no cayó del cielo: la trabajó hasta que tuvo forma de campeonato.

Boxscore del partido

Pablo Tosal
www.pickandroll.com.ar

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